miércoles, 30 de junio de 2010

Días 6 y 7: los de las malas noticias

A los que pensábais que ya habíamos abandonado el blog: NO.
Ayer dedicamos la mañana a imprimir, corregir y pegar por ahí nuestros carteles de au pair y tándem Spanish-English. Esperamos que sean los siete euros y pico mejor invertidos de nuestra vida (ha ha HA). Por cierto, seguimos sin poder hacer un fondo común, alguna desconocida fuerza mayor nos lo impide.






Por la tarde, como bien sabéis, jugaba España, así que quedamos con los de la parroquia y fuimos a un supuesto pub de españoles a verlo. Qué lugar más soso, que partido más aburrido... menos mal que luego tuvieron lugar aventuras por separado que mejoraron nuestro monótono día.


Yo (Elena) salí por patas al aeropuerto a buscar a mi hermana, que me traía las medicinas para mis maltrechas vocal cords y la tarjeta del famoso móvil perdido. Me perdí el final del partido por no llegar tarde al aeropuerto, y al final tuve que esperar una hora y media porque el vuelo venía con retraso. Suerte que bajo el cartel de Arrivals encontré a un español carabanchelero perdidísimo, que casualmente también esperaba al grupo de mi hermana... Cuando recogí mi cargamento, tres cajas de pastillas y un sobrecillo doblado (parecía que estábamos trapicheando en mitad del aeropuerto), volví a salir corriendo para descubrir que había perdido el último bus urbano de 2.20€ y tuve que coger uno especial de 6€. Menos mal que cuando llegué a O'Connel sobre las doce de la noche, me esperaba Bea en el Burger King con las dos coreanas y los dos componentes de Coldplay, que me dieron un aplauso y un abrazo. Porque vaya horas.



Hoy hemos visitado St. Stephen's Green después de comer, un parque frondoso con irlandesas de todo tipo: desde gordas rodando y riendo hasta pijas de picnic con minivestidos mientras nosotras nos arrebujábamos en nuestros chubasqueros.

La academia ha satisfecho al fin nuestras inquietudes, no así las experiencias que varias au pair compañeras de clase nos han relatado en un pub/autocervecería. No es que a ellas les esté yendo mal, es que no queremos tener 27 años y que nuestra mejor opción a corto plazo sea ganar 100 euros a la semana planchando ropita de niños. Hemos dicho.
Mañana llueve. Chubasquero, botas y Laloli Planet.





lunes, 28 de junio de 2010

Día 5: el de la lluvia.

También en Dublín tenemos derecho a tener días así, en el que la ciudad nos ha contagiado la llovizna. Sin mucho entusiasmo nos hemos apuntado a una academia, aunque a un horario que nos permite seguir intentando buscar un trabajillo, cosa bastante difícil por lo que nos cuentan por aquí.

Mañana será otro día, de eso no hay duda.

domingo, 27 de junio de 2010

Día 4: el del mosquito.





Queridos lectores, he aquí nuestro magnífico lugar de residencia dublinés. Dos de las ventanitas de arriba son nuestras (amén de una en el techo del cuarto de baño que abrimos el primer día mediante un cordón de zapatilla y que ahora somos incapaces de cerrar).
Hablando de amén... al final fuimos a la iglesia de la que nos habló el barbudo predicador. Hemos ido DOS veces, mañana y tarde, a hacer unos listening de tres cuartos de ahora: uno iba sobre parábolas y el otro sobre el Gospel (que no son un montón de negros cantando sino, por lo que se ve, algo mucho más trascendental tipo la Palabra de Dios). A lo importante... hemos tenido que decir a los franceses que no podíamos salir con ellos a pesar de ser su última noche aquí, porque nuestra capacidad de relaciones multiculturales se estaba viendo seriamente mermada... al caso: ahora tenemos amigos cristianos, muchos amigos cristianos. De todos los países y colores. Podríamos formar un póster como los que había en nuestros respectivos colegios, en los que un surcoreano amarillo, un brasileño marrón, un indio negro y un checoalemán blanco se dan la mano mientras juegan al corro de la patata alrededor del mundo. Sólo que, en vez de comer ensalada, lo que comen los señores, naranjitas y limones, nos han dado té y riquísimas galletas de chocolate.
Tenemos un invitado, que no ha querido quedarse en el sofá cama y se ha venido a dormir con nosotras. No, no nos referimos al Plumber (si estás leyendo esto, vuelve, we miss you), sino a un extraño insecto que se está comiendo el brazo de Elena dejando un gracioso "une los puntos" de granos.
No nos ha bastado con las canciones de misa, en las que tocaban piano, guitarra y flauta travesera, y mientras hacíamos la cena (¡qué rica cena, qué rica cena!) hemos atronado a nuestro vecino misterioso cantando Bohemian Rapshody. O donde lleve la hache.

sábado, 26 de junio de 2010

Día 3: el de cuando Ghana gana.

Esta mañana hacía sol. Hemos podido comprobar eso que dicen de que en Dublín pueden vivirse las cuatro estaciones en un mismo día. Acabamos de llegar a casa y estamos heladas.

Traemos noticias del otro lado del río, que por fin nos hemos atrevido a cruzar. Grafton street ha resultado una sorpresa muy agradable, llena de flores, mimos y músicos callejeros. Pero no nos hemos quedado mucho tiempo porque teníamos que buscar algo que hacer con nuestro mes.

En la primera academia se nos ha invitado amablemente a salir y en las dos siguientes ni siquiera nos han abierto la puerta. ¿Qué clase de país es éste, en el que abren las tiendas a las 10 de la mañana, las cierran a las cinco y los sábados no trabaja ni el Tato? ¡Veníos, españoles parados del mundo, a abrir las tiendas hasta las 9 de la noche!
Postergando la decisión académica hasta el lunes, nos hemos flipado preparando un "RICO" pollo con champiñones. Por culpa de nuestra cocina loca y sus mandos sin números, se nos ha pegado la guarnición (patatas y cebolla). Al final estaba bueno, pero cuando nos hemos sentado a comer (y después de otra interrupción de la Extraña Pareja formada por nuestra casera Mairead Murray y el Omnipresente Plumber), hemos descubierto que se nos había olvidado echar los champiñones.

Claro que nos hemos echado la siesta, tardaremos en adaptarnos a las costumbres del país.

Hemos cenado en el albergue de nuestros amigos franceses, en un ambiente absolutamente multicultural (brasileños, chinos, irlandeses... todos metiendo las manos en el horno mientras nuestra pizza del Tesco se estaba haciendo). Cuando nos dirigíamos a Temple Bar buscando un pub donde bailar traditional Irish music, unos locos se han tirado desnudos a nadar en el río Liffey. Como buenas españolas, les hemos gritado cosas. Aquí os dejamos una foto muy ilustrativa del momento.





Bueno, que hemos acabado brillando Kesha y Beyoncé sobre un suelo que brillaba tipo Disco Stu, un poco decepcionante si no hubiésemos visto a Molly Balón (comentario ofensivo que preferimos no explicar).




Por cierto, Elena ayer se dejó el móvil en el pub, y hoy se lo han devuelto. Qué buena gente.









viernes, 25 de junio de 2010

Día 2: el de La Bamba.

Comenzaba este día sin fotos por pérdida temporal de la cámara (está por aquí, lo presentimos) cargándonos las mochilas vacías a la espalda para llegar a nuestra Tierra Prometida: Lidl. Los yogures gigantes en los bolsillos laterales pesaban bastante y los rollos de papel higiénico sujetos con las correas de las mochilas nos daban un aspecto bastante peregrinodiarréico.

Nuestra primeras comida y ducha calientes llegaron después de que el grifo de la cocina pareciera salido de un anuncio de Don Limpio, dejando atrás el cerco verde que antes lo rodeaba. Los macarrones con chorizo nos supieron a gloria.

La siesta se vio interrumpida por el plumber (fontanero), que se fue sin casi decir adiós y sin darse cuenta, por lo visto, de que efectivamente había arreglado el botón de la cadena, pero la cisterna no cogía agua -a no ser que se abra y se le eche, que es lo que estamos haciendo. ¿A que ya no os apetece tanto veniros?-.

Menos mal que nuestros amigos franceses del avión, Pierre, Kelly y Jess, conocían un pub en Temple Bar en el que, por cada gol, te regalaban un chupito (menos mal que sólo se marcaron 3). El partido fue la excusa para irnos conociendo y cuando éste terminó, subió al escenario un irlandés guitarrero, que nos dedicó temazos como La Bamba o Five Hundred Miles. Y entonces ya nos soltamos.

Dejamos una mezcla entre Macaulay Culkin y Clark Kent, conocedor del folklore francés, berreando Mr.Brightside de los Killers y nos vinimos a casa, no sin antes comprobar que nos habéis mentido: SÍ hay aceite de oliva y NO hay españoles. Mejor.

jueves, 24 de junio de 2010

Día 1: el de la búsqueda.

El día empezaba con una imperiosa necesidad de conectarnos a Internet. Nos ahogábamos en aquel zulo. Menos mal que las salchichas y la panceta en ayunas nos animaron un poco, así como el hecho de que pudiésemos dejar las maletas allí para lanzarnos a la búsqueda de… ¿pisos? NO. Un adaptador para los enchufes que nos suministró un simpático talibán que se rió en nuestra cara cuando le dijimos la palabra “job”.
Cuando averiguamos vía Google maps que la agencia con la que habíamos contactado quedaba allí por donde Sansón perdió el flequillo, nos echamos la mochilaca a la espalda y ala! a andar (hasta que nos cansamos, nos sentamos en la acera y un vejete nos quiso vender una cajetilla de tabaco por 4 euros, que es la mitad de lo que cuesta aquí).
Tardamos bastante en encontrar a “Ger”, un guaperas que nos dijo que no alquilaban pisos por un mes, después de que haber conversado por email sobre nuestra situación.
Decepcionadas y cabizbajas, vislumbramos a lo lejos un grupo de colegiales rubios y pelirrojos que jugaban en un parque. Nos echaron de nuestros escalones porque querían hacerse una foto, bajo un Monumento a la Caída de los Hombres y la Ascensión al Cielo de los Gansos; pero luego nos recompensaron con una serie de actuaciones que fueron desde un angelical “Somewhere over the rainbow” hasta los raps de los malotes de la última fila. Cuando se fueron de vuelta al colegio, uno de los profesores nos guiñó un ojo. Lástima que fuera el calvo.
Lo que vimos a continuación estaba tan sucio que no nos acordamos de si eran pisos.
Íbamos ya camino de comer nuestra ensalada “Carretilla” –Sabor pimiento- cuando llamó nuestra atención el mensaje que predicaba un extraño Papá Noel de Benidorm, que pintaba en una pizarra un corazón con una tirita, que luego transformó en una cruz con el maravilloso invento de añadirle una raya vertical. En nuestra línea de aprovechar todas las oportunidades de practicar el inglés y hacer contactos (vale, estábamos desesperadas por hablar con alguien) nos hicimos amigas de un hombre que había estado escuchando la charla extasiado, y que de pronto se sacó unos folletos del bolsillo, resultando ser un topo. Un topo muy majo que nos invitó a acudir a una iglesia, a la que sin duda iremos porque van muchas familias = blanco fácil para futuras au pairs ;)
Volvimos a parar un momento porque estábamos cansadísimas, para escuchar la frase del día de boca de un borrachín, que se nos tiró encima musitando: “braasabrrnnbraas brrusnns”. Por supuesto, salimos corriendo, en cuanto metimos nuestro bote de yogurth de dos kilos del Lidl en la mochila.
Resumiendo: tenemos piso. Es muy bonito. Todo de Ikea.
¡No os lo vamos a enseñar ahora, que está todo tirado!

Día cero: el del dedo de flúor



Nuestro primer intento de acercamiento al mundo laboral dublinés ha tenido lugar a la tercera hora de vuelo, después de haber perdido una en la pista de un Barajas derretido por el calor. Un minuto después circulaban los rumores de una extraña huelga en Francia que por lo visto afectaba al tráfico aéreo.

Al caso: cansadas de intentar ver algo por una ventanilla por las que nuestras caderas no cabrían en caso de accidente, hemos reparado en la potencial fuente de ingresos sentada a nuestro lado; una chica de 17 años que está preparando su mente para hacer medicina pero que no ve el sentido a leer libros porque "leer cosas inventadas es una pérdida de tiempo"). Antes de que se fuera con sus tropecientos hermanos (seguro que no eran tantos, pero sus berridos no han dejado dormir a ningún pasajero) le hemos dado nuestro email porque hemos descubierto el interesante dato de que su madre lleva meses trabajando aquí.

Cuando recuperamos la mochila de Elena de debajo de un asiento - colapso nervioso incluído por la suerte que podía haber corrido el portátil- salimos del avión despidiéndonos del personal de a bordo: la típica robocop (Loquendo woman), el azafato triste, la del moño que parecía un donuts y nuestra favorita, un clon puro de Molly Weasley.

Una máquina del baño del aeropuerto nos regaló dos bolitas en las que creíamos que habría un pokémon, pero sólo guardaban un extraño dedo de papel impregnado de flúor bucal para lavarse los dientes. "No lo pienso utilizar nunca, qué ascazo, qué ascazo!", declara Elena.

En el bus al centro (¡de dos pisos!) hicimos migas con unos amigables franceses que a los cinco minutos de hablar ya querían organizar una fiesta en nuestro piso inexistente. En fin, que ya tenemos amigos con los que quedar los cinco primeros días.

El hostal estaba más cerca de lo que esperábamos. En el camino hasta él nos topamos con un Burger King que a las nueve de la noche estaba tan lleno como lo estaría en Madrid a las dos de la mañana. Cuando entramos en el Bed&Breakfast, desde el sonoro eructo con el que nos recibió el señor de recepción (muy educado, eso sí, pidió perdón), pasando por la ducha ("Epa! no hay espacio para maniobrar"- dijo Bea dándose golpes contra la mampara), y la ventana (que daba a un pasillo por el que se llegaba a un cuarto de baño común), hasta la cerradura que fuimos incapaces de abrir (reception man had to came), percibimos en el ambiente un aire extraño... ¡¿sería porque estábamos durmiendo en un sótano?!

Por supuesto, no sabíamos que había wifi. Si hubiéramos tenido batería para comprobarlo (o, mejor dicho, el ADAPTADOR que Elena se dejó en casa) habríamos podido deciros ayer lo siguiente: "Puede que esto sea lo primero y lo último que leáis, porque visto el caché que tiene este antro no es que nadie vaya a asesinarnos, es que directamente la mugre y la humedad nos volverán locas y combatiremos a los gérmenes con nuestro dedo de flúor"