domingo, 25 de julio de 2010

Días 30 y 31: los del final.

No podíamos irnos de aquí sin visitar el famoso Malahide, otro pueblo costero al que se llega en DART. Nada más bajar del tren nos adentramos en el típico bosque frondoso irlandés y nos entretuvimos en un parque infantil lleno de columpios modernos, no como los de nuestra época, tirolina incluida. Después de hacer unos cuantos vídeos vergonzosos seguimos nuestro camino hacia el castillo, y un caballero nos saludó.

Sin mucho que ver allí, volvimos sobre nuestros pasos y fuimos hasta la playa, donde las nubes nos impresionaron tanto que decidimos quedarnos a comer. Tuvimos que irnos porque empezó a llover, no sabemos si a causa de nuestros cánticos.

El sol no tardó más de diez minutos en salir, que fue el tiempo que utilizamos para quitarnos la arena de los pies. En el pueblo había un pequeño festival en el que dos de cada tres personas tenían menos de seis años. Había un escenario-camión en el que cantaron dos tipos, el primero bastante mejor que el segundo. ("I wanna know, have you ever seen the raaain?").

Hoy hemos dado nuestro último paseo junto al Liffey y por Liberties, con un cielo gris poco animoso. Por la tarde hemos seguido preparando nuestra sorpresa antes de pasarnos por la iglesia a despedir a la gente. Cuando hemos llegado, el salón estaba extrañamente lleno y decorado con banderas de un montón de países; y es que ahora que nos vamos empieza lo bueno: dos semanas de encuentros para estudiantes internacionales en los que se discute de fe y de gramática. Suponemos que habríamos conocido a mucha gente pero, qué queréis que os digamos, con la que hemos estado ha sido más que suficiente.







Mañana partimos a casa otra vez, con una sensación de satisfacción. Nos llevamos mucho más de lo que habíamos venido a buscar (y eso que dejamos 3kg de patatas).

Todos nos han preguntado si volveríamos a Dublín. Algunas tardes lluviosas habríamos jurado que no. Pero hoy sólo nos ha salido decir una cosa:

-Who knows...

viernes, 23 de julio de 2010

Día 29: el de los dobles (o no tan dobles)

Aprovechando que teníamos agujetas por la caminata de ayer nos hemos quedado en casa toda la mañana... preparando una sorpresa que ya veréis cuando lleguemos.

Por la tarde hemos ido en busca de un parque que nos faltaba por ver, pero al que no hemos podido entrar porque había un concierto o una especie de festival (en la puerta había hombres zancudos) y había que pagar 30€ para entrar... así que hemos dado una vuelta por los alrededores y al final hemos terminado en St Stephen's Green, despidiéndonos de sus patos y sus kioskos.



Seguimos divididas entre las ganas de volver y las de quedarnos.


jueves, 22 de julio de 2010

Día 28: el de Howth.

Digamos que tanta felicidad a un paso de coger el avión de vuelta es, en cierto modo, perjudicial. Ni siquiera nos importa que Joe nos haya dejado más plantadas que las dos zanahorias que ha utilizado Mónica para su pastel, porque hemos estado en el, hasta ahora, paisaje más bonito que hemos visto; y lo mismo podemos decir de la comida.

Cogimos el número 31 junto al puente de O'Connel en dirección a Howth, un pueblecillo formado en su mayoría por chalets y casitas de gente rica donde nuestra amiga Mónica está trabajando como au pair. Nos preparó unos sándwiches para ir abriendo boca antes de ir a recoger a Cristal (la chica china cuyo verdadero nombre nadie sabe pronunciar, y que por eso se ha puesto ése) y dejar atrás la civilización. Colina arriba y abajo, hemos disfrutado de las vistas del faro y de los acantilados. Si no fuera por los tacones que traía Cristal, habría sido perfecto. ¡Qué digo! Ha sido perfecto, porque hacía sol, aunque parezca una nimiedad.







Elena y Mónica se han atrevido a asomarse desde lo más alto de la más afilada roca. Las miedicas se han quedado un poco más atrás. Tras un largo paseo hemos llegado al puerto, donde un típico chico irlandés (gordito, rubio y rosado) tocaba la guitarra y cantaba -muy bien, por cierto- para conseguir dinero para los huérfanos.



Exhaustas, nos apalancamos en la cocina de Mónica (cuya familia de acogida no estaba, claro) y esperamos a que su empanada brasileña terminara de hornearse. Una delicia: pollo, jamón, aceitunas, maíz, guisantes,...y un largo etcétera de ingredientes que Bea le ha pedido metidos dentro de una masa requetebuena. Para terminar, pastel de zanahorias cubierto de chocolate y conversación teológica.



¿Qué más se puede pedir?

miércoles, 21 de julio de 2010

Dia 27: el Georgiano

Hoy hemos dedicado la mañana a ver una típica casa georgiana, es en realidad un museo que recrea el modo de vida de los siglos XVIII y XIX en Dublín, y que está lleno de artilugios como orinales con patas, camas tan altas que incorporan escaleras para subir hasta ellas, campanitas con distintos timbres para llamar a la criada, peluches desfigurados y demás objetos que recordaban a los que tiene cualquier abuela en la casa del pueblo.

Parada para comer nuestro típico plato de pollo con champiñones y ver un par de capítulos de Friends. Después de una torrencial lluvia que ha despertado a Bea de la siesta y que ha dejado nuestro cuarto de baño lleno de agua y barro (sí, seguimos siendo incapaces de cerrar la ventana del techo, total, ya ¿pa qué?), pues nos hemos ido a la academia. Último día, ya comienzan las despedidas.

Esto sigue infestado de españoles. Con nuestros respectivos vasos de yogur y colacao, os decimos: ¡hasta mañana!

Día 26: el de Óscar.

Bastante puntuales en nuestra cita con Joe, que había hecho todos los deberes (hemos descubierto que es mucho más divertido pasar la clase corrigiendo que inventando ejemplos absurdos tales como: "Después de que había ido al baño, Patricia desayunó"), nos prometimos a nosotras mismas un trozo de pastel de chocolate de Waterstones cuando cobremos nuestro último sueldo, es decir, mañana.

Al terminar, callejeamos un poco por Temple Bar entrando peligrosamente en las tiendas que nos llamaban la atención. Ya os lo enseñaremos todo. Bueno, tampoco íbamos a lo Pretty Woman pero casi...

El resto del día también fue muy tranquilo. Justo cuando decidimos salir a conocer el parque de Merrion Square (lugar de nacimiento, o al menos de residencia de Oscar Wilde), empezó a llover. Pero no una lluvia como la que vosotros, amigos peninsulares, conocéis, sino una lluvia con sol.


Cuando cruzamos la verja del parque, nos engulló la selva tropical irlandesa: ¡madre mía, qué frondosidad! Lo curioso es que nos topamos con Oscar enseguida; el cual no puso objeción a que nos sacáramos unas cuantas fotos con él. Paseamos por los senderos solitarios (aquí ya era casi la hora de la cena), encontrándonos de vez en cuando con algún lector bohemio, bohemio y empapado. A Elena le impresionó el área infantil, que tenía un rodillo que chirriaba y, según declara, "parecía de una película de terror". Vimos también a un grupo curioso: hombres y mujeres de todas las edades hacían malabares con bolos, aros, diábolos... ni se inmutaron cuando pasamos a su lado.


Finalmente llegamos a una gran explanada verde con una lápida (simbólica) que hablaba del árbol de la vida, un par de bancos, una estatua y muchos, muchos pajarillos que empezaron a acercársenos cuando nos sentamos a admirar la belleza del lugar.


Nos hizo mucha ilusión, aunque al principio nos dio mucho miedo, que la vecina de abajo subiera a las tantas a preguntarnos si todo iba bien con nuestra cama. Se refería a las chiches, malpensaos.

lunes, 19 de julio de 2010

Día 25: el de la celda 200 UP

Esta mañana hemos intentado madrugar, y deberíamos haberlo intentado mejor, porque hemos llegado a Kilmainham Gaol nada menos que a las 2 menos cuarto del mediodía. Claro, después de perdernos por las cocheras de una estación de tren y dejar atrás Phoenix Park.


Antes de llegar, nos hemos topado con el IMMA, el Museo de Arte Moderno de Dublín. Como el arte no entraba en nuestros planes (y sin embargo los lugares tétricos sí, ya nos conocéis) sólo hemos hecho un par de fotos en sus jardines. Además, se nos puso a llover, muy raro también.

¿Que qué es Kilmainham Gaol? Pues es la prisión en la que estuvieron encarcelados y fueron ejecutados los principales líderes republicanos independentistas de Irlanda. Aunque también murieron en ella miles de personas (hombres, mujeres y niños, todos hacinados sin distinción en pequeñas celdas) a causa de las epidemias, hambrunas, plagas y demás problemas relacionados con las patatas ¿?, tal y como explicaba el simpático guía que aquí os mostramos.

Nuestros pies sucumbieron ante las cuatro horas de caminata y visita guiada (la ampolla multicolor de Bea y la tendinitis de Elena pedían a gritos clemencia) y no tuvimos más remedio que coger un autobús de regreso a O'Connel.
La tarde ha dado poco de sí. Una de nosotras se ahogaba un poco en casa y salió al atardecer a sentarse en un pequeño muelle al lado del canal que tenemos cerca, junto a la vía del tren. Patos, yonkis, un arcoiris... muy bucólico. Os dejamos, nos vamos a ver al intrépido explorador de UP.

domingo, 18 de julio de 2010

Día 24: el del turismo eclesiástico y portuario.

He aquí una pequeña muestra gráfica de nuestro día de hoy. Hemos cenado cena basura y no tenemos ganas de nada excepto de ver una película ñoña. Juzgad, pues, (sólo hoy) por vosotros mismos.



































































































sábado, 17 de julio de 2010

Día 23: el del zafarrancho de combate

Sin teníamos algún plan para el día de hoy, da exactamente igual, porque estaba escrito que no iba a salir bien. De hecho lo teníamos, ahora deberíamos estar cenando fish&chips y en algún pub con los compañeros de la academia. Pero no… claro que no. ¿Pero por qué salir cuando una puede quedarse en casa aspirando un somier que está infestado de chinches? Y lavando la ropa, y fregando el suelo, y bajando las escaleras cargando con la cama antigua en compañía de un polaco (cómo corría el jodío!) con problemas cardiovasculares y respiratorios. Y volviendo a subir, esta vez sólo con un colchón, porque ya hemos desistido de subir también el otro somier (más que nada porque no cabía por la puerta).

Mención especial a Mairead Murray, por decir que las chinches seguramente las habíamos traído nosotras de España. Sin comentarios.

Nos encantaría contaros que hemos hecho algo más. Pero es que no.

Día 22: Galway girls

Un cuarto de hora antes de lo previsto partió nuestro autobús en oferta (sólo 5€ para llevarnos hasta Galway). Un viaje que iba a ser de tres horas y cuarto al final se quedó en dos y media. Y de repente nos vimos envueltas en el bullicio de las calles (mejor dicho: calle) de Galway, repletas de turistas y de los más variopintos artistas callejeros (hippies que pintaban la cara a los niños, que les hacían trenzas de hilo, que pintaban con spray, que hacían tatuajes de henna etc). Hicimos una rápida visita a st. Nicholas Church y a la casa donde Elena estuvo el año pasado, y nos encaminamos hacia el río. Allí nos sentamos un rato largo a observarlo para después pasear por la zona por debajo del Spanish Arch y caminar hacia las casas de colores.



Luego nos fuimos a comer al parque. El menú, exquisito: dos bocadillos enormes de sardinas con tomate y una muffin de chocolate a la que no nos pudimos resistir. Después de reposar un rato la comida fuimos a la catedral, donde estuvimos media hora hablando de los vestidos de boda de nuestras madres, encandiladas por el techo de madera, las baldosas de mármol, las vidrieras, el órgano y, en general, con la estructura del edificio.



Cuando se nos acabó la charla caminamos un rato intentando buscar la Universidad, pero como nos tiraban más las ganas de ver el mar, desistimos pronto y tiramos hacia Salthill... no esperábamos encontrar una playa mejor que la que vimos en Bray, y por ello nuestra sorpresa fue mayúscula al toparnos con arena fina y conchitas (y alguna que otra medusa ¬¬'). Bea se dedicó a hacer fotos y trepar por las rocas mientras Elena se mojaba hasta las rodillas (no más porque no había biquinis y el tiempo no era muy propicio...).



Cuando volvíamos corriendo y cantando (nuestras voces ya se armonizan como una sola xD) por todo el paseo marítimo para coger el autobús, nos topamos con un simpático hombrecillo que hacía malabares con antorchas y ponía en peligro su vida, la de un niño "voluntario" y la del resto del público subiéndose a un monociclo de tres metros de altura (aprox.)


No esperábamos encontrar nada más raro que eso, sin embargo aún tuvimos la suerte de despedirnos del hombre Plink-Plank, que con su guitarra de cartón cantaba precisamente eso, Plink-Planck-Plonck, mientras mandaba sentar y callar a un perro también de cartón y sonreía a sus monedas de un céntimo en la funda de la guitarra (que era lo único verdadero).
A la vuelta no pudimos dormir por culpa de una adolescente chillona cuyas hormonas revolucionadas la obligaron a estar todo el trayecto hablando a voces con un "supuesto-chico-guapo" sentado dos filas detrás de nosotras.

viernes, 16 de julio de 2010

Noche 22: Surrealista

No se alarmen pero tenemos que darles una mala noticia: en el 9 de Mounjoy Sq, en una de las puertas del tercer piso, que no es ni la del vecino misterioso ni la del europeo del este (es decir, en la nuestra), hay PULGAS.

No volveremos a sentarnos a escribir aquí hasta que no hayamos solucionado el problema.

NO eran mosquitos.

miércoles, 14 de julio de 2010

Día 21: el de alfinalmerecelapenairalaacademia.

Un portazo nos despertó esta mañana cinco minutos antes de que sonara el despertador, que es un politono del móvil de Bea bastante horrible.
Raudas y veloces corrimos O'Connel abajo para encontrarnos con nuestro gran amigo Joe, pero nos lo encontramos antes de tiempo, por lo que hemos pasado los dos minutos más incómodos de toda nuestra estancia aquí. Una vez servido su té y dicho nuestro tercer "no, gracias" a la camarera, hemos comprobado que no traía hechos los deberes, así que como castigo le hemos puesto unos cuantos más. Cabe destacar su extraño humor: no se ríe ante nuestras bromas pero sí con agresiones físicas o cambios estilísticos y de tendencia (es decir, cuando Bea se da uno de sus golpes o cuando Elena se pone el pañuelo al cuello porque tiene frío. Increíble).

Se nos ocurrió que quizá Aneta, la mujer con la que nos abandonamos mutuamente ayer, podría estar en el mismo lugar en el que habíamos quedado en un principio. ¿Por qué iba a estarlo? Intuición. Intuición equivocada. Sólo había uno de los voluntarios de la asociación protectora de animales que inunda las calles dublinesas, tratando de explicarnos en un inglés básico y extremadamente lento que si comprábamos un perrito de peluche de 4x5 cm salvaríamos la vida de otros de su misma especie, pero reales.

Después de la academia, nos hemos ido a un pub con una austríaca, una alemana y dos italianos y una española (menos mal que Walter, el mexicano bizco que se cree guay por usar un vocabulario vulgar y soez se ha ido a su casa). Había música en directo, pero el sonido era tan malo que han tocado sólo una canción. De repente, ha empezado a salir una bandada de gente por las escaleras como si hubiera un incendio. Decidimos seguirlos, después de quedar para ir a un fish&chips y de fiesta el sábado.

Y los días siguen pasando inexorables...

Día 20: el Aneta y el hermano de Bono.

Antes de nada, os dejamos aquí un par de fotos que hicimos el domingo en O'Connel al terminar el partido: nosotras dos (Elena con banderitas en las mejillas incluídas) y la estatua repleta de españoles.



Y otras pocas de lo que hicimos antes de ayer ^^' : el castillo de Dublín y nosotras con la estatua de Molly Malone (pescadera de día, prostituta de noche y figura emblemática de la ciudad). Os dejamos un link a la tradicional canción que lleva su nombre: www.youtube.com/watch?v=diUkiTs1gxM

Ayer por la mañana tuvimos la segunda clase con Joe, que progresa adecuadamente, lo cual nos llena de orgullo (porque le gustan los ejercicios que preparamos con esfuerzo y bastante dedicación). La euforia que nos embriagó al salir de la librería-café donde damos la clase se deshizo rápidamente al darnos cuenta, a la media hora de esperar a Aneta, de que no teníamos forma de distinguirla entre las otras mil personas que pululaban en el centro comercial en el que ella nos había citado. Sin un teléfono de contacto con el que localizarla (en eso estuvimos muy hábiles ¬¬') empezamos a desesperarnos y decidimos irnos. Nada podía ir peor... ¿qué no? ¡Esto es Irlanda! Empezó a llover a cántaros.
Caminamos por Temple Bar buscando el famoso bar del hermano del famoso Bono del famoso grupo U2, y de camino entramos en una exposición de fotografía en la que salían chamanes haitianos, keniatas haciendo yoga y danzarines turcos. Al final dimos con "Nude", el restaurante, en el que degustamos una enorme patata cocida rellena de queso cheddar y bacon que nos supo a gloria.

Al terminar seguía lloviendo, el cansancio acechaba y también la hora en que todos los lugares de interés cierran sus puertas. Así que volvimos a casa, haciendo nuestra habitual para en el Lidl aprovechando que habíamos cobrado por dos horas de clase para reponer nuestra nevera.
Una vez en nuestra buhardilla y tras subir los 74 escalones que nos alejan de la calle Bea se dedicó al estudio y Elena fue derecha a la cama, donde se echó cuatro hermosas horas de siesta. Hicimos vida bohemia en general (escuchamos música, leímos "Pride and prejudice" y "Canción de hielo y fuego", y vimos un episodio de APM y otro de Friends). Se nos olvida mencionar que jarreaba y por eso fue imposible salir a tomar una simple cerveza a Temple Bar.