martes, 6 de julio de 2010

Día 13: el del paseo marítimo.




Hoy era nuestro día, por fin hemos salido de Dublín. Por 4,70€ hemos cogido el DART (la Renfe de aquí) que en un pelín más de media hora nos ha llevado a Bray (Bré, en irlandés), un pequeño pueblo costero cuya playa olía a pejcao y estaba llena de piedras y cuervos del tamaño de un gato. Nada más llegar nos hemos tumbado en las toallas, descalzas y con el impermeable puesto porque lloviznaba. Nuestro plan de bañarnos comenzaba a ser un poco impracticable, así que después de ver cómo niños y perros (y Elena) se atrevían a mojarse los pies y la cosa no pasaba de ahí, nos hemos echado el macuto al hombro, hemos comprado un sucedáneo de chocolate caliente que a Bea le ha dejado la lengua insensible para siempre y hemos querido subir hasta la cruz.


Pero nos hemos equivocado. Cogimos un sendero en principio muy bonito, pero que se estrechaba cada vez más y que, en vez de subir, simplemente daba la vuelta al montículo. No obstante ha merecido la pena disfrutar del contraste del gris de mar y cielo y del verde de las enredaderas que trepaban desde las vías del tren hacia el camino. ¡A lo hecho, pecho!, y al estómago los bocadillos de jamón antes de emprender la verdadera subida. Parecía que nos iba a cortar el paso uno de los Jinetes Negros salido de la frondosidad de aquel bosque de Hobbiton. Qué maravilla. Al final no hemos tardado tanto en llegar, pero para cuando hemos llegado a la cruz teníamos las piernas llenas de arañazos de zarzas y el viento casi nos hace caer al mar. ¿Habéis visto qué duras nos hemos vuelto? Juas!

Cuando la cima ha empezado a llenarse de adolescentes españoles con cortes de pelo indescriptible y diciendo palabrotas, nuestra bucólica paz se ha visto interrumpida y hemos bajado.

Bea quería un helado de recompensa, y la heladera le ha visto cara de triste y le ha puesto, además de la nata, virutas y sirope de chocolate, y una nube. Muy bonito todo, sí, para terminar espachurrado entre las mangas del polar y el chubasquero. Elena ha encontrado el amor en brazos de un joven español que venía corriendo y cantando "Y serás canción" y que la ha sacado a bailar en medio del paseo marítimo. Era, pues, hora de irse.

Cada vez nos estamos acostumbrando más al horario anglosajón, porque son las 8 menos diez y no nos apetece salir ni hacer nada más por hoy, salvo ver Friends.

1 comentario:

  1. No es el horario anglosajón,es que os(nos) haceis (hacemos) viejas jajajaja
    que no que no,que os lo mereceis después de monumental caminata :)
    qué beautiful todo :)

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