Al terminar, callejeamos un poco por Temple Bar entrando peligrosamente en las tiendas que nos llamaban la atención. Ya os lo enseñaremos todo. Bueno, tampoco íbamos a lo Pretty Woman pero casi...
El resto del día también fue muy tranquilo. Justo cuando decidimos salir a conocer el parque de Merrion Square (lugar de nacimiento, o al menos de residencia de Oscar Wilde), empezó a llover. Pero no una lluvia como la que vosotros, amigos peninsulares, conocéis, sino una lluvia con sol.
Cuando cruzamos la verja del parque, nos engulló la selva tropical irlandesa: ¡madre mía, qué frondosidad! Lo curioso es que nos topamos con Oscar enseguida; el cual no puso objeción a que nos sacáramos unas cuantas fotos con él. Paseamos por los senderos solitarios (aquí ya era casi la hora de la cena), encontrándonos de vez en cuando con algún lector bohemio, bohemio y empapado. A Elena le impresionó el área infantil, que tenía un rodillo que chirriaba y, según declara, "parecía de una película de terror". Vimos también a un grupo curioso: hombres y mujeres de todas las edades hacían malabares con bolos, aros, diábolos... ni se inmutaron cuando pasamos a su lado.
Finalmente llegamos a una gran explanada verde con una lápida (simbólica) que hablaba del árbol de la vida, un par de bancos, una estatua y muchos, muchos pajarillos que empezaron a acercársenos cuando nos sentamos a admirar la belleza del lugar.
Nos hizo mucha ilusión, aunque al principio nos dio mucho miedo, que la vecina de abajo subiera a las tantas a preguntarnos si todo iba bien con nuestra cama. Se refería a las chiches, malpensaos.
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