jueves, 22 de julio de 2010

Día 28: el de Howth.

Digamos que tanta felicidad a un paso de coger el avión de vuelta es, en cierto modo, perjudicial. Ni siquiera nos importa que Joe nos haya dejado más plantadas que las dos zanahorias que ha utilizado Mónica para su pastel, porque hemos estado en el, hasta ahora, paisaje más bonito que hemos visto; y lo mismo podemos decir de la comida.

Cogimos el número 31 junto al puente de O'Connel en dirección a Howth, un pueblecillo formado en su mayoría por chalets y casitas de gente rica donde nuestra amiga Mónica está trabajando como au pair. Nos preparó unos sándwiches para ir abriendo boca antes de ir a recoger a Cristal (la chica china cuyo verdadero nombre nadie sabe pronunciar, y que por eso se ha puesto ése) y dejar atrás la civilización. Colina arriba y abajo, hemos disfrutado de las vistas del faro y de los acantilados. Si no fuera por los tacones que traía Cristal, habría sido perfecto. ¡Qué digo! Ha sido perfecto, porque hacía sol, aunque parezca una nimiedad.







Elena y Mónica se han atrevido a asomarse desde lo más alto de la más afilada roca. Las miedicas se han quedado un poco más atrás. Tras un largo paseo hemos llegado al puerto, donde un típico chico irlandés (gordito, rubio y rosado) tocaba la guitarra y cantaba -muy bien, por cierto- para conseguir dinero para los huérfanos.



Exhaustas, nos apalancamos en la cocina de Mónica (cuya familia de acogida no estaba, claro) y esperamos a que su empanada brasileña terminara de hornearse. Una delicia: pollo, jamón, aceitunas, maíz, guisantes,...y un largo etcétera de ingredientes que Bea le ha pedido metidos dentro de una masa requetebuena. Para terminar, pastel de zanahorias cubierto de chocolate y conversación teológica.



¿Qué más se puede pedir?

No hay comentarios:

Publicar un comentario